En memoria de Paco Riba.

Fragmento del capítulo 05 Revisitando Colsada.

No quiero dejar pasar este año, sin dejar constancia de mi cariño, públicamente. En el libro explico detalladamente, cómo nos conocimos y qué clase de buena persona era Paco Riba. El bien que hizo en nuestro singular cruce de caminos.

Falleció en un trágico accidente, siendo ya director de fotografía, durante el rodaje de la película Waka-Waka, en Colera, Girona en 1984.

La foto es cortesía, doblemente apreciada, de Paco Marín.

Me complace dar las gracias al señor Ricard Reguant, autor y director de teatro y televisión, y al señor Paco Marín, director de fotografía de cine y televisión, por conversar conmigo, afablemente, regalándome su tiempo y la emoción presente de nuestro amigo, Paco Riba.

Paco, desde su perspectiva privilegiada como observador profesional, testigo mudo y fiel, ya fuera autor de foto fija o cámara, podría contar mucho más de aquella película, nuestra propia biografía no autorizada. Igual que en un tiro certero a las bolas de un billar, nos dispersamos todos en aquella extraordinaria circunstancia común, elementos en el teatro de la vida y la vida del teatro. Fuimos planetas, asteroides, estrellas, algunas fugaces, y satélites, coincidentes y errantes, para no volver a encontrarnos jamás.

La película Las alegres chicas de Colsada, nos dejó un legado con unos dignos representantes. Por estos, por la mayoría, trabajadores honrados, por las mujeres, dueñas de sí mismas, sin apoyo y con la reticencia tanto patriarcal como de las propias mujeres, siendo precursoras de este movimiento de “empoderamiento actual”, reivindico respeto. Yo, que a los 16 años, hablando en términos de escenario “no vendía una escoba”, me convertí en una profesional del comercio de la fantasía, muy lejos de la falacia denigrante que tantos ignorantes quisieron propagar. Se dice en el cine que la cámara se enamora del intérprete y viceversa. La revista, campo minado, me quiso, me lució y le correspondí.

Nunca necesité demostrar poder, ni el permiso de un hombre para encaminar mi destino, gracias a mi insumisión al modelo social y a lo vivido siendo corista.

En Navidad de 1984, llamé a Paco Riba, para saber de él e invitarlo al estreno. Recuerdo que sostenía un teléfono rojo heraldo, de Citesa, y la voz de su madre afectada, explicándome su fallecimiento en un accidente durante una filmación cuando ya era Director de Fotografía. Al colgar, miré con desconsuelo la cortina de lluvia sobre mi calle y lloré. Fue la primera vez que una persona querida se me moría. Lo sentí mucho. Le concedieron el Premio Extraordinario a título póstumo en los “III Premis de Cinematografía de la Generalitat de Catalunya” de 1985.

Foto Paco Riba

En una de las fotos oficiales de la cartelera de los cines está Tania con un traje azul y blanco, Ángel Amar y yo detrás de él, vistiendo un body plata y la famosa mochila de plumas blancas propensa al desastre, el número donde me lesioné el tobillo. Lo he descubierto ahora, comprando ese material en una web de coleccionistas, un último guiño, un regalo. Francesc Riba Lozano (hijo del director Marcelí Riba Abizanda) estuvo donde nadie más, ni antes ni después, incluido este recodo de mi alma que hoy doy a conocer. Cierro este episodio, con su imagen vívida haciendo uso del cine «mi encuadre ralentizado en movimiento inverso, su sonrisa sincera, su mirada azul toda luz, fundido a blanco».

«E a coisa mais divina que há no mundo é viver cada segundo como nunca mais. Vinicius de Moraes».

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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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