Si, si, yo también: #metoo

Fragmento del capítulo 09 El camino de baldosas amarillas.

Cuántas de nosotras, haciendo todo lo posible, tuvimos que aguantar murmuraciones, suposiciones y sospechas sin distinción de género como esos están liados; la enchufada; se la tira; así cualquiera… O el escupitajo recibido en el mostrador de Ribes & Casals. Tantos críticos, fiscales y juezas, ignorantes de la realidad, especulando y propagando hasta cambiarnos la vida, aduciendo falta de talento o poca formalidad, cuando se trataba llanamente de acoso, envidia y mezquindad.

Afortunadamente, las intenciones de aquel sátiro no prosperaron porque había suficientes representantes conocidos, hombres cabales y respetables, que no transigirían con aquella cerdada. Pero… ¿y si? Sí. El agente que me telefoneó no contó más con el ballet,  y aún tuve que coincidir con el salido durante unas semanas, en circunstancias muy forzadas. Lo visibilices o lo silencies, todo se resume a una viscosa violencia, aprobada por unanimidad (tanto por hombres como por mujeres), que va calando con esa insultante impunidad de quien la inflige. Este es el momento, hablando como la coreógrafa que empezó siendo corista, de enunciar una de mis frases preferidas: menos mitos, menos opiniones no solicitadas, menos augurios desacertados, menos verdugos aficionados, menos mujeres de dudosa decencia, menos te deseo suerte porque la vas a necesitar, y menos malicia. Las enchufadas puede que debuten pero se quedan atrás. Si hubo algún enchufe, fue el de la corriente eléctrica, con el equipo de música y los auriculares, hasta las cuatro de la madrugada, dando forma a cada tema para un programa, un evento o un nuevo show.

Comentario:

Bueno, está claro que después de la exposición emocional, de experiencias vitales en el libro MEMORIAS DE UNA CORISTA, no voy a desvelar, aquí, en abierto ni los episodios ni los infames protagonistas, nunca invitados a la película (pues da para ello) de mi vida; Abusadores, que tienen su lugar en #metoo #metootheatre y #metooartesescénicas.

Esto no es una estrategia de venta. Esto es un relato crudo, como un trozo de carne, en el plato, con sangre.

Hay quien calla lo que sabe por miedo a las demandas. Anticipo que sin ponerles nombre, todos sabéis de quienes hablo. ¿Demandas?, ¿demandas de los ofensores convertidos en ofendidos?

He esperado30 años para contarlo. Es mi palabra. Son mis sentimientos, son verdades y sin segundas versiones.

Es mi vida y cuento lo que quiero. Por ejemplo; el tener que retirar una denuncia formal en el Puesto de la Guardia Civil, en estado de shock y el que se extraviase, convenientemente, un parte médico, ambas situaciones fruto de la violencia machista y con testigos.

Demandas… es agua pasada…. a ti no te ha hecho nada y es una bellísima persona, vaya cuento…. seguro.

Por no perder trabajo. A callar.

Está superado.

Pero lo peor, no es ese machismo dominante, lo auténticamente vergonzoso es que las mujeres, y las hubo, no sólo no hicieron nada, como ayudar o apoyar… giraron la cara.

Y es que por mucho que se diga que «juntas, podemos», «yo te creo, hermana» y «no estás sola», lo estás. Es una batalla que se libra, así de momento sola y luego… cuando puedes verbalizar, incluso con vómitos verdaderos, y llanto que sale de las tripas, de rabia y de dolor, mientras te vas rompiendo, por una agresión o violencia entre compañeros y el acoso sistemático, invisible, tienes que pasar por alguna clase de terapia. Yo la hice, muchos, muchos años, después, porque cuando me estaban maltratando no tenía tiempo de pararme a lamerme las heridas y tenía que seguir bailando, sonriendo y luchando por esta profesión que te quita mucho más de lo que te da.

No me va el morbo de las vidas ajenas, ni el castigo gratuito, ni el rumor coloquialmente llamado chafardeo. He sido muy celosa de mi intimidad pero «ya de perdida… a la editorial».

Sea como corista o como coreógrafa pasé por ello, callada, y muy lejos de abandonarme al victimismo, lo digo bien claro: ellos podian ser repugnantes, pero ellas, fueron lo peor.

Y aquí lo dejo.

No le debo nada a nadie y no, el éxito no te pasa factura pasando por la cama. Te la pasa, por ser trabajadora, honesta, buena compañera, empática y profesional.

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Publicado por Carolina Figueras Pijuán

Directora artística. Coreógrafa & Creadora. Educadora. Experta senior. Autora del libro 'Memorias de una corista'.

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